Ética 101 con Betty La Fea

Por alguna razón, a mi abuelita le salió en youtube un video sobre los 20 años de “Yo soy Betty, la fea” (WTF… ¿de verdad ya son 20 años?) y la señora quedó buscando, pero no encontraba para ver los episodios en secuencia desde el principio. Ahora resulta que la señorita Pinzón Solano está en Netflix y ya mi abuela y yo llevamos como dos semanas gastandonos entre tres y cuatro episodios por sentada, siendo este el debut de doña Marina en el mundo del binge watching.

Cuando Betty salió en 1999, no solamente rompió el paradigma de la clásica Cinderella story de las novelas, sino que puso a una FEA en horario estelar y por primera vez, era socialmente aceptable que los hombres vieran telenovelas. Fue tanto el furor, que recuerdo que había una pantalla enorme en Vía España justo al lado de Plaza Concordia, arriba del  Figali (antes Sarah Panamá, hoy Collins), así que ni el tranque podía con Betty.

Betty era fea y torpe como solo ella sabía serlo, pero así mismo era graciosa, ingeniosa y muy real. Viendo a Betty hoy como adulta, no solamente estoy descubriendo una chorretada de chistes y situaciones subidas de tono que de adolescente pasaron desapercibidas, sino que se están develando ante mi una serie de lecciones que me hacen ver a Betty como esa heroína que todos necesitamos, tanto para nuestra vida personal como la profesional.

Una de esas lecciones de Betty dignas de una clase de ética, fue cuando en plena negociación para telas e insumos, un proveedor le ofrece a Betty una “comisión”, que de darse el negocio, le pudiera representar unos $250,000.  En su momento, Betty le dijo que eso que le ofrecían era un soborno y no era ético y que ella no iba a aceptar. 

Pasa que a don Hermes, el papá de Betty, lo acababan de despedir de su trabajo y a ella con su mísero sueldo le iba a tocar llevar el peso de la casa… para que tengan una idea de cuan poquito era el sueldo de Betty, la peliteñida ganaba 2.5 millones de pesos, que al cambio de hoy son como $630 y se supone que ella ganaba el triple que Betty, así que ya se imaginaran la tentación.

Pensando en la situación de su casa, Betty cayó y presentó la propuesta del proveedor. Efectivamente, a nivel de precio, era la mejor, así que la escogieron igual. Con eso, le iban a dar su tajadita a Betty, pero pudo más su conciencia, y se lo contó a su papá, quien le dio un super speech sobre integridad. Vea pues, don Hermes no se había sacrificado pagándole la u y el postgrado en economía, para ella quedara metida en negocios chuecos.

Como resultado del jalón de orejas, no solo Betty desistió de recibir la coima, sino que le dijo la situación a su jefe. Por supuesto, Armando se enojó, pero entendió la situación y asumió responsabilidad por el proveedor dado que él fue quien tomó la desición final.

Como toda novela, claro que habían otras complicaciones, como que ya alguien más sabía del chanchullo y le estaba tendiendo la cama a Betty para botarla, pero como ella habló a tiempo, el plan maléfico se desinfló. Ahora, por mucha ficción que sea este cuento, la realidad es que este tipo de situaciones son mucho más comunes de lo que creemos…si no me creen, solo vean las noticias… No solo Betty hubiera estado expuesta a un despido, sino que su carrera y su reputación se hubiesen ido al traste (nadie quiere en su equipo al alguien que mete autogoles), y dependiendo de la legislación local, hasta presa pudo ir. 

  1. Habla: Si la empresa donde trabajas o aquella con la que estás tratando tiene un departamento de ética y cumplimiento (es más común en empresas grandes), repórtalo. Sino, habla con tu jefe inmediato, recursos humanos o algún superior de confianza.
  2. Documenta: Situaciones como esta se pueden convertir en algo de tu palabra contra la de otra persona, así que toma nota de cualquier cosa que pueda ayudar a probar el hecho y por supuesto, para probar que no tuviste nada que ver.
  3. Desvincúlate de la situación: Quedarse sin trabajo da miedo, pero más miedo da el prospecto de ir a la cárcel.

Recuerda siempre: No hay plata que pague por tu reputación y tu conciencia. Sino, pregúntenle a un par de pajaritos enjaulados en tierras chapinas…

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