Cuando cae el hacha Vol. 2

Igual como cuando chocas un auto, no hay lugares “buenos”; solo lugares peores que otros. Así mismo es cuando te despiden de un empleo y en mi caso, me tocó estar cesante durante todo un diciembre, justo un par de días antes del cumple de mi hijo (y ni hablar de semanas antes de navidad)… por suerte solo fue un mes. Me consta que hay gente que le toma más tiempo volver a trabajar, así que no me quejo.

Si bien en mi caso las dos veces que me ha ocurrido estaba en lugares donde no quería, un despido no deja de ser un cambio brusco, difícil de explicar, e incluso vergonzoso a pesar de que no haya sido culpa de uno. Además de eso, la pérdida de tu ingreso significa la necesidad de hacer ajustes a tus hábitos, unos más radicales que otros.

Les cuento un poquito sobre mi experiencia:

Primeras sensaciones

No voy a mentir. Por bonito que te lo digan o cual sea la figura que utilicen para dar por terminada la relación laboral, duele así tú sepas que no has hecho nada que lo amerite. Te duele el ego. Te duele el alma. Te duele la incertidumbre.

Te pasan miles de cosas por la cabeza y te dan ganas de aprovechar para decirle a tu jefe todas esas cosas que puedes decirle ahora que ya no es tu jefe y todo te vale cebo, pero toca acordarse de que uno es un profesional y no quieres quemar puentes.

That’s that.

Soltando la sopa

En mi caso, tuve muy poco tiempo de pensar cómo decirle a mi mamá. De hecho se lo tuve que decir por teléfono y sin vaselina porque me estaban presionando a que firmara el mutuo de inmediato, o ese mutuo se convertiría en un despido y necesitaba urgente que me pasara el dato de su amiga la abogada.

Según los consultores del programa de transición laboral en el que estuve, hay gente que no informa a su familia de inmediato y se levantan y se visten cómo si tuvieran que ir a la oficina, ocultando la realidad hasta que algo finalmente revienta. Lo más sano es ser honesto con los tuyos y definir el plan de batalla como tribu.

Hablar con alguien siempre ayuda a ver las cosas con claridad, así que no tengas miedo de hacerlo. Y si te toca ser el paño de lágrimas, solo escucha…

La búsqueda

Cuando pasa el shock inicial es que corres a actualizar tu hoja de vida. A través de los años, había sido lo bastante meticulosa como para anotar mis cursos a medida que los iba completando, así que eso me ahorró tiempo. Panamá afortunadamente cuenta con una buena cuenta de bolsas de trabajo online y encontré buenos leads con colegas y amigos.

Por algo dicen que preguntando se llega a Roma.

Inútiles buenas intenciones

En la época de mi abuela tú solo ibas y pedías el trabajo. ¡Tadá!

La realidad es que en 2017 los procesos de reclutamiento y selección pueden ser largos y tediosos, en especial cuando ya tienes cierto nivel de seniority o se busca llenar una posición estratégica. Para mi trabajo actual tuve una entrevista con una reclutadora externa, una entrevista telefónica con uno de mis jefes matriciales en México, otra telefónica con el de recursos humanos, que está en Chiriquí y finalmente una entrevista con quien hoy es mi jefe directo acá en Panamá.

Entre la realidad que vivió mi abuela, lo novedoso que era para ella ver cómo se daban estos procesos y por supuesto, la preocupación de que su nieta favorita encontrara trabajo, tenía a la doña preguntando a cada rato, lo que me hacía sentir impaciente y ansiosa.

Luego de pensar mucho cómo se lo iba a decir, agarré a mi abuela y de la forma más dulce que pude, le agradecí su preocupación, y le expliqué como me hacía sentir tener que contestar la misma pregunta cuando la verdad no tenía novedades que compartir.

Creo que lo agarró bien, pero no dejaba de parecerle novedad todo lo que se hace ahora.

Control de gastos

Entre los ahorros que tenía y la liquidación, me aseguré de tener cubiertos mis gastos básicos y la escuela de mi hijo para los próximos meses, además que mi mamá me ayudó a pagar lo que me quedaba de la letra de mi auto y ya casi termino de reembolsarle.

Nunca he sido muy gastona, así que mis ajustes consistieron en limitar unas cuantas salidas y cuando iba a las sesiones de coaching dejaba mi carro en Multiplaza donde la primera hora de parking es gratis, vs el edificio en Punta Pacífica donde el parking costaba $0.04/minuto y sin tiempo de gracia.

Aun después de haber recuperado mi ingreso “normal”, volví a revisar mis gastos fijos y cambié mi plan de telefonía móvil a uno más pequeño, lo que ahora me representa un ahorro de aprox. $20/mes.

Esto es parte de lo que viví. Lo importante es saber que no es el fin del mundo aunque a veces parezca que sí y acepta sin pena la invitación de tu bff a una pintita para lavar las penas.

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